Esclarezcamos algunas actitudes alrededor de la pérdida de la vida de Raúl Reyes.
Álvaro Uribe, al frente del Gobierno de Colombia, aceptó, en su día, liderar un frente contra las FARC por tierra y aire sin precedentes. El Plan Colombia, que tantas fotos suscitó al lado del presidente Bush y de miembros de la Administración americana, hicieron que la popularidad y aparente seriedad de Uribe creciera en Latinoamérica.
Cuando Uribe ya llevaba casi cinco años en el poder, Rafael Correa venció contrapronóstico en las elecciones de Ecuador, lo que suponía en cierto modo un empuje para Chavez, y la instauración de regímenes antineoliberales en el continente. Una patada a Uribe, en definitiva. Esta victoria fue fundamental para la actual y delicada relación entre Colombia y Ecuador. Un año después de la victoria de Correa, el 1 de marzo de 2008, o quizás unos días antes, el Gobierno de Uribe recibe las coordenadas en las que se encuentran Raúl Reyes, que están en territorio ecuatoriano, cercano a la frontera con Colombia.
Sitúense en la escena del presidente Uribe. Recibe de Estados Unidos, su fiel colaborador y financiador, las coordenadas de la situación del cerebro de las FARC. Raúl Reyes, sólo de pronunciarlo o simplemente pensarlo, debía enjuagar la boca. Era una cacería de lujo. Una cacería que le seguiría catapultando como sheriff de Colombia. Un golpe de efecto. Una colaboración perfecta entre Estados Unidos y Colombia. Un golpe a los vecinos bulliciosos.
Tenía dos opciones bien sencillas en ese momento, bajo la premisa de que tenía que atacar en territorio ecuatoriano: 1. Avisar a Ecuador; 2 No hacerlo.
Avisar a Ecuador, habría tenido múltiples consecuencias a la hora de comandar el ataque. La desconfianza entre gobiernos es y era alta. Estados Unidos presionaba. Cada vez había menos tiempo. Si avisa a su colega ecuatoriano, Correa le pedirá formar parte de la operación. Tampoco confían en que las fuerzas armadas ecuatorianas no filtren a Reyes la información. Uribe sabe que si avisa a Correa, se puede correr el riesgo de que presidente de Ecuador quiera a Reyes con vida o lo que es lo mismo evitar el mayor número de muertes posibles.
No avisar a Ecuador era más sencillo. Contentaría a los americanos. Contentaría a los colombianos, que comandarían el ataque en territorio ajeno. Fue lo que hicieron. No pretendían capturarlos con vida. Colombia pretendía asesinar a todo lo existente en las coordenadas facilitadas por Estados Unidos con un bombardeo. De lo que no avisaron, supuestamente, es que en esas coordenadas había estudiantes, que, quieran o no, no tenían antecedes terroristas.
Sucedió. Estados Unidos facilitó a Colombia unas coordenadas para que atacara en territorio ecuatoriano. Bombardeo y muerte de Reyes y 26 más. Heridos varios. No quiero pensar que los americanos querían tensar la situación entre ambos países, no haría mal pensándolo, sin embargo. Correa exige disculpas y castiga el ataque recibido en su Estado soberano. Al día siguiente, el Ministro de Exteriores de Colombia pide perdón. Es mas fácil pedir perdón que permiso, y en esta situación se evidencia la sabiduría de este dicho popular.
A Correa no le vale la respuesta. Inicia junto con su ministra de exteriores una gira por Latinoamérica solicitando apoyos. Meses después, en la reunión del Grupo de Río, Uribe sale castigado por unanimidad. Agacha la cabeza y finalmente, ya que no sirvieron las excusas de su ministro de exteriores al día siguiente, Uribe tiene que asumir ante el foco mundial las represalias de sus colegas y vecinos latinoamericanos. Golpe de poder de Rafael Correa, que se mostró serio y molesto por el asunto. Ese mismo día, Uribe recorrió una multitud de mesas para saludar a Correa, que lo recibió, quieto en el mismo lugar, extendió la mano y le sepultó con la mirada. Uribe danzó por todos lados, Correa permaneció en la posición inicial. Se sabía con la razón e iba explotar la situación todo lo posible.
Colombia, ahora, tiene un vecino serio. Un vecino con el que no contaba.
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