La palabra de Ramoneda

La palabra tiene un valor infinito, es el bien más preciado. Con la palabra, la letra, la expresión oral correcta, la vida es más sencilla. Más precisa.

Después de un día largo, prevenido por una noche aún mas larga, escuchaba la Cadena Ser. Angels Barceló amenizaba con su castellano acatalinazado. “El dietario de Ramoneda”, dice Barceló.

Entonces surgió la palabra, la expresión genial. Comentarios afilados sobre China. Revuelo sobre los Juegos Olímpicos y las injusticias chinas. El Tibet y la gigante China. Y termina: “Todos los nacionalismos son iguales, salvo que algunos son mucho más poderosos que el resto”.

Los nacionalismos, esa aceptación sumisa de la patria chica que confunde cultura con política, padecen la enfermedad más peligrosa a la hora de integrarse en la estructura estatal europea: La obligada exclusión.

No hay nacionalismo no excluyente. La nación, el querer de la tierra no tiene relación con la defensa de la cultura local. No tiene sentido excluir a nadie por su nacionalidad, sea cual sea. Catalana, vasca, española, canaria, la que sea. Nacionalidad sentimental, no oficial, por supuesto.

La exclusión no deja de ser una expresión racista. El bien de todos está muy por encima del de algunos.

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