El ‘Saulo’, pateras y cayucos

Las vidas de los dos tripulantes del ‘Saulo’, barco perdido en el Atlántico cerca de las costas de África encontrado ayer, no vale más que la de los cientos de africanos que buscan desesperadamente una vida mejor intentando llegar a Canarias, o a Europa.

Localizados, en helicópeto a buscarlos, llegada y directos al Hospital de Gran Canaria, medios de comunicación en masa a cubrir el evento, es noticia en los medios nacionales ¿Qué diferencia existe con la trágica aventura de los inmigrantes?

Que los va a buscar a su llegada Paulino Rivero; y se abraza; y se hace una foto con ellos; y sonríe. Y no son “avalancha”, lo cual le tranquiliza. ¡Vaya derroche de limitación continua ofrece!.

A los inmigrantes los van a buscar en barco, les dan asistencia sanitaria, eso sí, aunque probablemente con menos recursos que los dispuestos ayer, pero luego comienza su pesadilla.

A los del ‘Saulo’ le esperan tiempos mejores. La vida de los tripulantes del ‘Saulo’, para las administraciones canarias, españolas y europeas, vale más que para los de un togoleño que sueña con vivir aquí. Se sentirán privilegiados por la suerte que les ha deparado el azar. Su vida, para algunos, vale más que otras. Así de injusto es este mundo; pero que reconozcan los responsables, en público y sin doble moral, que para ellos la vida de los inmigrantes vale menos. O ¿acaso no es verdad que así lo demuestran las instituciones?.

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Pequeños placeres: Librar entre semana

Ayer hablaba con Esther, tras comer, mientras el cortado largo, clarito, con leche no muy caliente escupía algo de humo. Hacía un tiempo que no comía con ellos y nos dábamos un repasito. Le confesaba que tengo un pequeño placer oculto: Librar entre semana.

Por el ritmo de vida y los hábitos que tengo no me aporta más librar un domingo que un lunes. Es más, prefiero hacerlo el lunes. Administrativamente es mejor. Además, como casi todo el mundo trabaja, pues como que vale doble. Las Canteras y sus terrazas están vacías y eso da gusto. Retiras la silla, la haces para atrás, te sientas, apoyas la bolsa en el suelo y el libro en la mesa: “Una cañita por favor”, le dices al camarero, y entonces abres el libro por la página 232, por la que ibas. Cerveza, lectura, sol y playa. Además todo sin niños corriendo, sin playa masificada, sin gritos domingueros o sin la voz de la playa diciendo que hay aguavivas.

Pues sí, siento un pequeño placer cuando entre la marabunta trabajadora de cualquier lunes, especialmente, voy sonriendo porque ese día no tengo que trabajar.