Can you help me?

Luis hablaba por teléfono cuando apareció ella. Descendió danzando, pasos medidos y cautelosos. La sonrisa era cautivadora, el rostro inocente y la mirada triste pero intencionada.

Luis la miró, parpadeó y colgó posteriormente la llamada, cuando la atractiva mujer le dijo, casi con un susurro: “Can you help me?”. Inmediatamente ofreció su ayuda y chapoteando inglés le dio auxilio. Se sentaron y le invitó a un cigarro. Ella le dijo haber sido violada la noche anterior. Que una mala noche de fiesta había acabado con su cuerpo semidesnudo y azotada por la violencia sexual en la Playa de Las Canteras. Que una ambulancia la había llevado al hospital. El documento que certificaba la historia de aquella chica angelical lo aclaraba: “Hora de ingreso: 10.32”, “…con síntomas de violación”.

Inmediatamente Luis, abrumado ante la situación le invitó a un café. “Algo caliente”, pensó. Ella accedió y durante media hora charlaron. La intentó tranquilizar y ella le habló de los dolorosos recuerdos que le producía aquel chico, también extranjero, que la había violado. Sonreia en alguna ocasión y Luis se alegraba. Claudia, como se llamaba, le contó que no tenía su documentación en regla porque era extranjera. De nacionalidad, ucraniana. Vino de vacaciones y se quedó, le contó.

Luis le ofreció su coche, dado el desamparo absoluto de Claudia. Él tenía que trabajar y pensó que hasta que terminase, podría ser una solución temporal. Al finalizar, Luis se dirigió al coche, pero la puerta estaba abierta y no había nadie. Todo estaba intacto. Sonó el teléfono: “Somos de El Corte Inglés, hay una chica rubia con pinta de rusa, que habla inglés y dice que usted es su único amigo”. “Enseguida voy”, le contestó. Al llegar, allí estaba Claudia descalza, llorando y alegrándose de volver a verlo. Le acompañó al coche y le preguntó que podía hacer por ella. Sabía y le habían dicho que lo ideal sería llevarla a la Cruz Roja o a la Policía.

Él pensó que eso sería considerarla “un caso”. Luis cree en las personas y no en los casos. Desobedeciendo el consejo de varios amigos, Luis frenó el coche, se paró y le preguntó a ella: “¿Qué puedo hacer por ti?”. Ella lo miró y sonrió plácidamente. Había escuchado “policía” y estaba intranquila. “Vivo en el Sur, con una amiga”, contestó en su inglés particular. Luis decidió que lo mejor que podía hacer era complacer la petición de Claudia, que bastante mal lo había pasado ya.

La dejó delante de un recinto turístico de apartamentos. Tocó el timbre. Salió una amiga que le dio un fuerte abrazo. Claudia le señaló el coche de Luis. Su amiga se acercó y agradeció el gesto. Luis sonrió, bajó los hombros y se fue pensando que no podía haber hecho otra cosa por ella.

Can you help me?

Sí, sin lugar a dudas.

Por cierto, encantado, soy Luis.

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4 comentarios

  1. El relato se te da muy bien. No dejes de escribir. Besos

  2. Gracias Vane por el ánimo.

  3. lo has reescrito????

  4. No, sigue siendo el mismo Mai. Besos!

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