El leve gesto

Siete de la mañana. Un taxi. El taxista aporta a la escena una cara larga y antipática. Yo pongo la somnoliente. “¿A dónde?”, pregunta. “Al cementerio del Puerto, por favor”. Decrépitos ambos, pone rumbo al destino. Antes, un leve gesto hace que el carte del libre, torne a ocupado.

El taxi ya no está disponible, se ha vuelto a ocupar. Segundos antes giraba y giraba por las calles de la capital en busca de alguien. Libre por momentos, prefiere estar ocupado, aunque la libertad le aporte el descanso momentáneo que buscaba. Un leve gesto lo cambia todo. Ocupado.

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