Verde sobre negro

La cumbre ya tiene color otra vez. La reserva de Inagua presencia casi impasible como el verde vuelve a florecer en los troncos de los miles de pinos que la pueblan. Las piñas al arder diseminaron multitud de semillas que hoy son pequeños pinos que rodean a sus mayores. Los más ancianos son los que más sufrieron. Algunos cayeron, como el de Pilancones, pero otros, como el del Mulato, aguantarán, por lo menos, un par de siglos más, según indican los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria.

El jefe de servicios contra incendio, Carlos Velázquez, reveló ayer que antes de que el incendio estuviera controlado, brigadas de bomberos estaban sofocando el fuego que hería a los “pinos de referencia”. El fuego derribó “menos del 0,1% de los árboles de la cumbre”.  El Cabildo dice “haber aprendido la lección”, pero insiste que “con las condiciones del año pasado, otro incendio sería igual de exterminador”.

Velázquez rompe pinochas mientras explica las acciones preventivas que se están realizando. Mira al cielo y se congratula de que haya bastante humedad. Comenta algo sobre el viento. Acto seguido añade:“Los vientos están cambiando. Cada vez tenemos menos vientos alisios y los periodos de calima son mayores y se repiten más. Este clima traerá más incendios a Canarias”. Velázquez no lo duda.
El mandamás contra los incendios de la isla ordena parar la caravana en el punto inicial del incendio del pasado año. Vuelve a coger la pinocha. La vuelve a partir. Explica de forma gráfica como el incendio y las piñas que rodaban ladera abajo en medio de Inagua les jugaron una mala pasada. Cuando quisieron tener controlado la cola del fuego, desde una carretera, otra cabeza que se había creado a sus espaldas ascendía ayudada por el viento ladera arriba. La brigada estaba en medio de dos fuegos. Tuvieron que salir y el incendio se apoderó de esa parte de la reserva. Después empeoró el tiempo y las consecuencias son las que hoy se conocen.

El fatídico domingo por la noche, momento en el que se pensó que estaba controlado y así se trasladó a la ciudadanía, el fuego estaba vivo y esperando una ayuda para arrasar. La ayuda la trajo la regla del 30. Más de 30 grados de temperatura, viento a más de 30 kilómetros por hora y una humedad de menos del 30%. Ayer, un año después en la misma zona, esa regla estaba totalmente destrozada. Hacía menos calor, había más humedad y el viento permanecía escondido.

La fuerza del pino canario y su particular forma de afrontar al fuego, ha hecho que en Inagua un brillante verde vuelva a florecer, tanto en el suelo como en las ramas.

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