Adiós transexual

La palabra adiós se usa habitualmente para despedirse. Pero el adiós no es una palabra cerrada, impermeable a su intención. El adiós deja entrever matices de una conversación, porque es el punto y final. Es la partida a un análisis posterior que sin duda enriquecerá el significado de una relación.

El adiós, por tanto, literalmente tiene un uso, que en algunas ocasiones es recortado por sus lados para encajarlo en el cúmulo de intenciones que se puede aplicar al vocablo. Es por ello, que descubro ante todos ustedes al adiós transexual. Esa despedida que nunca lo quiso ser. Esa despedida vestida de adiós, pero que en su composición más interna es un hasta luego, hasta pronto, nos vemos en cuanto podamos o sólo deseo volver a verte. O quizás sea un adiós que no lo quiera ser pero le obligan a serlo. Adioses obligados, adioses impuestos. Adioses que maltratan. Adioses que miran a los ojos. Adiós con la cabeza gacha. Adiós no quiero volver a verte o adiós, te espero desnuda. El adiós transexual es un adiós travestido. Un adiós con pinta de otra cosa, una palabra que nunca quiso ser lo que realmente es: un adiós.

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