Un taxista de Guayaquil

Pequeño, delgado, moreno, con un cuidado bigote y una funda en el brazo izquierdo para que el sol no se lo tueste más de lo que está. Muchos años en la carretera. El taxista decidió que en el trayecto por 1,50$ le contaría su vida. Así pués, comenzó en 1973 cuando emigró de su Manabí natal para trabajar en un gran almacén de frutas. Dos años anduvo en eso, vio mucho dinero que pasaba de manos en manos, mientras él sólo lo llevaba y traía, pero siempre entregaba. Pasaba de largo. Dos años anduvo en eso y en 1975 decidió montarse por su cuenta y ganar hasta cuatro veces más. Se compró una casa, luego otra, más espaciosa y alquiló la primera. Casi le cuesta la vida una visita rutinaria a su inquilino que trapicheaba con drogas. Se casó con una gran mujer y tuvo dos hijos. Hoy, además de taxista, ejerce de cuentahistorias de una ciudad a la que vio crecer: Guayaquil.

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