Machu Picchu Express: Cuzco-Abra Málaga

Vista general del Ollantaytambo

Ollantaytambo, escondido entre las montañas

Era 30 de diciembre. A las ocho de la mañana llegaba el momento. Después de varios días en Cuzco o ‘Cuhco’, como aseguran que llamamos los canarios a esta ciudad, decidimos subir a Machu Picchu.  Momento de partida. Somos nueve personas en el coche que nos llevará a una de las nuevas maravillas del mundo. Tres canarios, un gallego, un burgalés, una peruana, dos valencianas y un holandés. Preparados, listos, !ya¡. El conductor se llama Alan y es de Cuzco. Salimos por una carretera de tierra pegada al río Urubamba, disfrutando del ascenso al sagrado templo, que aún se encuentra a seis horas de coche, más media hora de tren, más media hora de guagua. Salida con risas, descansados de la noche anterior y previendo dos días intensos e interesantes. Llegamos a Ollantaytambo. Unas ruinas espléndidas que coronan un pueblo localizado a una hora y media de Cuzco y que se conserva con excelente gestión. El pueblo tiene una historia romántica detrás que es digna de escuchar y de aprender. Desayunamos algo rápido y a eso de las once seguimos el ascenso.

Vista parcial de las ruinas de Ollantaytambo

Ollantaytambo deja lugares de difícil olvido

La intención es subir al coloso Abra Málaga, situado a 4.800 metros. Colinas peladas, piedras en la carretera y niños muertos de frio que extienden la mano para pedir. Coronamos el Abra no sin problemas por algunos pequeños desprendimientos, pero al iniciar el descenso nos encontramos grandes rocas que evita Alan como puede con el susto generalizado y tensión exponencial en el coche.

La neblina apenas dejaba ver tres metros. De repente, una gran cola obstaculiza el tramo. Centenares de coches se agolpan apilados a la izquierda de la carretera bajo una montaña que espera un estornudo para expulsar las piedras colgantes que clavadas en ella son ya mayorcitas. Alan hace peripecias para llegar al principio del atasco. Nos bajamos del coche, cámara en ristre (ya verán las fotos) y descubrimos que la montaña se ha comido a la carretera, que se ha derrumbado el risco y que será imposible pasar al otro lado.

La montaña se comió lo que es suyo

La montaña se comió lo que es suyo

Nos dicen que en estos casos, se hace un transbordo y las personas pasamos a pie por el derrumbe, pero esto  no nos hace ni puta gracia. Nos reunimos los nueve, entre nieblas, a cuatro mil metros de altura, para votar democráticamente si exigir al conductor que de la vuelta o esperar hasta las ocho de la noche (entonces era la una) para pasar a pie al otro lado del derrumbe.

Continuará…

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