Machu Picchu Express: Cuzco – Santa Teresa – Aguas Calientes

Ocho de la mañana. 1 de enero. Ciudad de Cuzco. La gente borracha danza por la mañana al son del pisco peruano. Nosotros, otra vez con la mochila a cuestas, nos vamos del hostal dejando pagada la noche del día dos, para a la vuelta tener techo. Pasan a las nueve. Una hora tarde, que se le va a hacer. Ahora somos los mismos tres canarios, un gallego, un burgalés, una portugues y cuatro brasileños.

Dificultades menores en la carretera

Dificultades menores en la carretera

El conductor se llama Alfredo y advierte: “Hay que correr porque la carretera está muy malita”. Corre y corre. Ollantaytambo y Abra Malaga. Lo pasa volando. Nos acercamos a la zona del derrumbe. Está preocupado. La neblina se atasca y no fluye. No enciende las luces, no vaya a ser que vea mejor. Le pedimos que ralentice la marcha, pero obvia a los pasajeros. Pasa la zona del derrumbe que se encuentra en muy mal estado y sonrie. Pero lo peor está por llegar.

Lluvias y charcos

Lluvias y charcos

Comenzamos, poco después, una carretera de tierra que durará unas tres horas. Pasamos de largo por Santa María. Hay que llegar al tren de las cuatro y no estamos en hora. Tomamos la ruta prevista y a mitad de camino nos advierten que tenemos que darnos la vuelta. Otro derrumbe ha situado dos piedras más grandes que el coche en el que vamos en la carretera y “el paso está imposible”. Hay una ruta alternativa, una hora más larga, la tomamos a toda velocidad y llegamos a Santa Teresa no sin dificultades, no sin atravesar ríos, no sin rozar el coche en la parte inferior cientos de veces, no sin ir marcha atrás con un desfiladero a menos de un metro. En fin, que se le va a hacer.

El tren del tambaleo nos lleva entre montañas

El tren del tambaleo nos lleva entre montañas

En Santa Teresa comemos y tomamos un tren que nos subirá a Aguas Calientes. Un pueblo anclado en las montañas y siempre paciente con el turismo que asedia Machu Picchu. Es la última parada antes del santuario. Creemos que merecerá la pena, pero la tensión en el cuerpo apenas nos ha dejado disfrutar de lo bonito del viaje. Un bañito en las aguas termales nos relaja, mientras fuera chispea y hace un frío de narices. Mañana es el día, pero antes jugamos una partida de ajedrez mientras tomamos una cerveza para distensionar.

Continuará…

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