Luces, cámaras y acción

Pasaron las tres horas solidarias. Las tres horas en los que los sanguinarios pararon el carro. Las tres horas de paz ficticia, inventada. Las tres horas en la que las televisiones de todo el mundo se colocaron para ver como se reanudaba el fuego. Las tres horas para descansar y rearmarse. Si son capaces de parar tres horas por pena, por presión o por lo que ellos quieran, que alma salvaje no es capaz de frenar una masacre. No lo digo solo por los neonazis israelís, sino por los terroristas de Hamás, que han encerrado a su pueblo en una encrucijada y los han dejado a los pies de un caballo salvaje, consentido y armado hasta los dientes. Bueno, que se acabaron las tres horas de paz, luces, cámaras y acción. Que continue la sangre, la guerra, el desperdicio humano, los trozos de cuerpo por los aires y la complacencia de todos. Bienvenida Miss War.

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