Un Gobierno de telenovela

El Gobierno de Canarias es un descojono, por no decir una vergüenza. Imagino que no todo el Gobierno, ni sus componentes como personas, lo que habrá que diferenciar, pero la información que sale de aquel cuarto apero en el que se ha convertido es difícil de catalogar. Podría ser una comedia, un drama, un thriller, una de terror o, mejor aún, una telenovela, que en bananaria se lleva y les pega por sus atuendos. Intentando recordar cual de los capítulos vividos hasta ahora es el mejor para empezar una serie, se me venía a la cabeza, de forma insistente y eclipsante sobre los demás, el episodio en el que el consejero de Justicia celebró el congreso de jueces en Lanzarote, precisamente en un hotel ilegal. Un amigo lejano de la tierra canaria me dijo “hay que ser miserables”. No sabía donde meterme.  O en el que la consejera de Turismo diseñó una campaña de turismo, haciendo su trabajo, a la que llamó “Los Estadios de la Felicidad” y luego dijo que igual había que hacer cambios, que era un poquito cara para la época en la que estábamos y que los resultados no eran los previstos. Claro que el dinero ya está repartidito y en bolsillos populares, y no a la calle me refiero. O quizás, este episodio va por partes, en el que el consejero de Industria dijo que era posible que hubiera errores en la adjudicación del concurso eólico de Lanzarote. También está en el que el consejero de Hacienda se equivocó en un 30% al elaborar los presupuestos, vaya hacha.

También es bueno, no lo podrán negar, el capítulo en el que el vicepresidente del Gobierno, el mismo que el consejero de Hacienda, Soria, es imputado por un viaje a Noruega con un afamado, rico y difunto empresario al que luego, con su voto y cuerpo alzado, otorga unas miles de cama en plena moratoria, alegando interés general ¿de quién, José Manuel Soria, de quién era aquel interés general?.

La parte dramática de esta primera temporada llegó cuando el protagonista principal, ahora algo eclipsado por su subalterno, fue hospitalizado, porque mientras concedía una entrevista le sangró la nariz a borbotones. Y todo esto, así a vuelapluma, sin hablar del día en el que el prota, Paulino Rivero, perdió la apuesta en su propio partido, por ejemplo. En fin, a partir de ahora seguiremos atentos a la segunda temporada que viene calentita y con varios capítulos en los juzgados.

En el capítulo de mañana: La policía investiga las cuentas del Vicepresidente del Gobierno.

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