Hotel Glam, un triste trauma

¿Lo recuerdan?

¿Lo recuerdan?

A sabiendas de lo extraño que pueda parecer hablar hoy de esta desproporcionada vergüenza de programa de televisión, quiero hacer un recuerdo. Sin que sirva de precedente, le haré un hueco en este blog para una reflexión obligada tras un pensamiento efímero. Desde la primavera de 2003 hasta el invierno de 2009 ha pasado casi 6 años. Sin embargo, esta mañana antes de poner el café al fuego, y teniendo el periódico sobre la mesa de desayuno, Hotel Glam apareció en mi cabeza para mi sorpresa. A saber por qué. De pronto me acordé de Tamara, de Dinio, de Pocholo, de su mochila, de sus repeticiones en Crónicas Marcianas, del marido peluquero, de Yola Berrocal y de el “es una lata el trabajar”. Recordé a Telecinco. Me cagué en esa cadena, mejor dicho. Hotel Glam, a saber por qué, años después y sin necesidad de hacerlo, apareció en mi recuerdo. Eso es todo un trauma, como podrán comprender.

Entonces comencé a recordar algunas dantescas escenas que dejó el programa y por las que Telecinco casi que tendría que indemnizar a su audiencia. Meter a tal cantidad de caspa viviente y darle un espacio en televisión es un despropósito que no tiene precio y probablemente sí ganancias. Las ganancias, entonces, justificaban el despropósito. Ahora, también. Malena, Encarni, Chonchi o Estíbaliz Sanz encendieron las alarmas de que la telebasura estaba tocando fondo. O todo lo contrario que estaba en su punto álgido, cúlmen. Arriba, dominando la pantalla y la parrilla. A su lado, Gran Hermano es una enciclopedia abierta. Hotel Glam pasó a la historia de la televisión española como lo que no se debe hacer. Como el mal rentabilizado. Como el medio que justifica el fin: El dinero. Como un vertedero de individuos no reciclables que hicieron dinero a costa de todos. Como un programa que no aprecié. Como un trauma, que seis años después, una mañana cualquiera, me apareció en el recuerdo como un castigo. No era un televidente asiduo del programa, ni mucho menos, pero para que vean como funciona la televisión, el recuerdo sigue ahí. Igual que dentro de unos años, recordaré a Enma García preguntando a un cualquiera, no entendido peyorativamente, sentado en un plató si “¿Tuvo relaciones sexuales con su cuñada sin que su hermano lo supiera?“.

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