Un día especial

Antes que nada, San Valentín me parece un fulano al que no le guardo ningún respeto.

Comenzó a sonar aquel bolero con el que se enamoraron. Él, decidido, se levantó y le tomó la mano. Ella no pudo rechazarlo y aceptó aunque algo tímida. Apoyo su frente en la cara de él y comenzaron a rodar con sentido. A danzar bajo la leve lluvia musical. Bajo la suave partitura. Él le cantaba al oido mientras ella sonreía. Hoy se había puesto guapo. Aquella camisa que hacía tiempo no veía. El reloj, de las noches de salir. El pelo peinadito a un lado, los zapatos limpios a rabiar. Bebía Johnie Walker, etiqueta negra para más señas, era un día especial. Esa noche el taxi se había quedado aparcado.

Ella se había recogido el pelo, llevaba la camiseta azul algo escotada que tantas veces intentó ponerse pero no encontró ocasión, pensaba que con ella iba desnuda.  Danzaba al son del bolero ciertamente tranquila. Incluso olvidó el bofetón que él le propinó hace unos meses y que hacía temerlo cada vez que lo escuchaba llegar. Pensaba en que así era cuando lo conoció, hace 20 años. Era romántico, salían a bailar, dejaba el trabajo para estar con ella y disfrutaban de la noche juntos. 20 años después lo hacen el Día de San Valentín. Él piensa y lo hace con ilusión, ella, sin embargo, sabe que no es más que un oasis en medio del desierto.

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