El cuarto poder, otros poderes y el cazador furtivo

Llevo unos días dándole vueltas a unas declaraciones del ministro Bermejo y que pronunció el día de su dimisión, cesión, expulsión. Resulta que el tipo que fue sustituido por un gallego dijo algo así como que no iba a “permitir que le utilizaran contra su proyecto”.

 

Bermejo, objeto utilizado

Bermejo, objeto utilizado

El proyecto al que se refiere es al socialista, imagino. Socialista de PSOE, no en referencia a la palabra propiamente dicha, que en la mayoría de ocasiones, poco tienen que ver. El caso es que su cacería, por cierto palabra que no pronunció durante la rueda de prensa de dimisión, es la lluvia que ha traido estos lodos en los que se ha manejado el Ejecutivo. El ex ministro, como digo, dijo que no iba a permitir que lo utilizacen. ¿Quién?. Podría pensarse que el Partido Popular, sería la primera piedra a escoger entre todas las lozas pesadas que cayeron sobre su frágil cabeza de cazador furtivo. 

 

Pero, permitanme esta licencia; el Partido Popular con el altavoz siempre encendido, no es capaz de hacer que alguien dimita. Por repetitivo y por moral. Digamos que un partido que tiene embarrada a media organización en asuntos de corrupción, poco poder tiene para solicitar la dimisión de alguien. Es más, un partido opositor que durante su gobierno cometió mil y una tropelías, barbaridades y demás palabros relacionados con el malhacer y no vio como ningún ministro salía por la puerta de atrás, poca moral tiene para solicitar una dimisión y sobre todo para que le hagan caso. 

Quedarían dos opciones. Presiones internas y  el cuarto poder. Las presiones internas, según se ha publicado, es una opción que toma fuerza, De La Vega, Patxi López, José Bono o el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Jerónimo Saavedra, se pronunciaron en contra de la mencionada cacería. Pero sin cuarto poder, tiendo a pensar que no hubiera dimitido. 

Dados los mimbres, El Mundo comenzó su cacería particular, valga la redundancia, contra el ministro. Era un momento oportuno. El PP estaba sumido en la corrupción y estaba siendo objeto de portadas poco agradable. Era una ocasió única para desviar las miradas mundanas hacia un tema más mundano que la propia corrupción. Un tema curioso, novelero si cabe. Una cacería de un ministro con un juez, ambos tan polémicos como Garzón y Bermejo. Con Bermejo tirando para un lado en El Mundo y la corrupción tirando para otro en El País, la opción más rentable para el PSOE era forzar la dimisión y que las aguas volviesen a su cauce, es decir, que la corrupción volviese a ser el tema central. ¿Cuándo hacerlo? No cualquier día, no. Un día escogido. El lunes. Sabían en Ferraz que venía de un fin de semana distraido, carnavalero si quieren, más largo de lo normal. A la vuelta del mismo, la corrupción pepera iba a dominar otra vez. Así ha sido. Cazador cazado furtivamente por su partido, por la oposición y por el cuarto poder. Jugada maestra, sí señor.

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