El punto sobre la i

Tan estirada ella, presumida y altiva por ese punto que le diferencia del resto de letras, excepto la j, claro está, la i sin punto no es más que una mayúscula común; pero sin el precioso punto, la i minúscula pierde toda la fuerza, por lo que es necesario que ensalcemos su puntuación. Es decir, pongamos el punto sobre la i.

Anecdóticamente, que de forma paradójica lleva una i, hace una semana El País, diario Global, al que el globo latino parece hacérsele pequeño para su negocio, destacaba que el señor todopoderoso de Venezuela, Hugo Chávez, había tomado por la fuerza puertos y aeropuertos y lo había hecho con presencia militar incluida. Mal hecho señor Chávez, no piense usted que se puede hacer lo mismo que pasa en España, que los aeropuertos se gestionan estatalmente. Evidentemente, que también lleva una i, no es lo mismo pues la toma a la fuerza incluye un elemento piscológico y físico dictatorial y habría que desterrar toda intervención militar. Pero, sin embargo, creo tener razón si afirmo que el presidente de un Estado soberano, electo democráticamente, si decide que la entrada y salida del país debe estar gestionada por un gobierno central, lo hace en base al bienestar de la propia nación que comanda, dirige y pinta ante el mundo espectante. Más si cabe, si lo hace dentro de un paquete anticrisis, hay que ver lo rimbombante de esta palabra. La información mencionada no escatimaba en atributos negativos de la acción y ponía en alerta a los lectores con un titular y una foto un tanto, seamos moderados, temerarias.

Oh…bama. Lo contrario sucede con las decisiones que toma el señor del bien y la paz, ensalzado a cada paso, y que ha tomado la siempre honesta decisión, según se ha informado, de comprar activos tóxicos a la banca privada por un valor que no alcanzo a imaginarme ni aunque me lo pongan delante. Activos inservibles, invendibles, es decir inútiles; desconozco el por qué esta moda cínica de llamarles activos tóxicos. Una decisión que no ha sido tomada por la fuerza, al menos la militar, pero dejenme pensar que quizás si por otra fuerza oculta, y no tan oculta, como es la económica. Sólo que esta no campa a sus anchas con un AK-47 o una M-32, sino que lo hace con aire acondicionado en lujosas oficinas. Temible, igualmente.

El punto sobre la i no sería más que preguntarnos porque se cuestiona las medidas de unos presidentes para salir de la crisis, entendiéndola, y la de otros, sin entender de las cifras que hablan, del porqué de su compra o de la utilidad de activos tóxicos en manos del estado, se alaben. Voy a ver si entre tanto darle vueltas al asunto encuentro esa máquina de fabricar activos tóxicos que tanto ha jodido al mundo y tantos beneficios va a generar para algunos.

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