Literatura: El tercer hombre, de Graham Greene

Cartel de la película protagonizada por Orson Welles.

Cartel de la película protagonizada por Orson Welles.

Es imposible criticar la obra de un autor sin leerla entera. Conozco este dato básico de la crítica literaria, pero no es mi ánimo destartalar una espeluznante por prolífica obra como la de Graham Greene sino mostrar mi desencanto por uno de sus libros: El tercer hombre.

El tercer hombre es un libro corto, flojo, comercial y totalmente prescindible de cualquier biblioteca que se precie. En 1975 estuvieron a punto de concederle el Nobel de Literatura al británico, pero precisamente no lo hicieron, según las informaciones del momento, por ser un escritor demasiado comercial.

Es un libro para leer, si no hay otra cosa delante. Un libro de policías, lugares comunes, falsos amores y negados amigos. Una historia que se pierde en la decadencia de la misma. El propio Greene amortajó su obra diciendo que la película había sido la perfección del libro, que parece redactado en un estado de nervios y con una pistola comercial apuntándole mientras redactaba cada una de sus líneas. Esta última historia no es anecdótica, ni una impresión subjetiva, pues el propio autor reconoció que en su visita a Viena para localizar escenas para la posterior película y guión del libro, la ciudad había cambiado y no encontraba narrador para la obra. Finalmente salió a la luz, pero, insisto, es un libro del que esperaba más. Simplemente esperaba algo.

Ese algo hizo amago de aparecer con el tráfico de medicinas, pero la historia hecha libro no logra contar algo al respecto y se queda en un simple titular. Esa era la historia que, si se hubiera contado, hubiera sido decisoria. Encontró la puerta, tocó, pero no entró, quizás no le dio tiempo.

Quizás, dándole una vuelta de tuerca, lo único rescatable, que por otro lado no es poco, es la figura de “un tercer hombre”. Un hombre en la sombra, del que poco se sabe, pero es definitorio. Tristemente, hasta el tercer hombre pasa inadvertido en la novela.

Más literatura:

El jugador, de Feodor Dostoiesvki

Las intermitencias de la muerte, de José Saramago

4 comentarios

  1. Graham Greene escribía muchas cosas con exclusiva intención alimenticia. Ya lo había hecho, nueve años antes ed publicar el tercer hombre, con “El agente confidencial”, según dijo él mismo. Lo escribió hartándose de anfetaminas para seguir escribiendo “El poder y la gloria” por la noche porque sospechaba que ésta no le reportaría beneficios económicos.

  2. Desconocía esa información, pero sí, en este caso, El Tercer Hombre, es similar. Él mismo lo reconocía.

  3. Vale que no es una obra maestra, pero el hecho de que el propio protagonista de la novela sea un escritor mediocre y comercial igual tiene algo de autocrítica, ¿no? Y según recuerdo, la parte en la que le confunden con un autor de literatura seria y elevada era bastante graciosa.

  4. Sí. Esa parte es la que se salva. De todas formas, el caso es que es una novela que pasa las páginas tentando ser una gran obra y no llega…pronto nos vemos.

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