Abundando sobre la intolerancia

Dejenme abundar, en un corto comentario, sobre la tolerancia, de la que hablábamos ayer. Asisto estos días a unas jornadas sobre África, comunicación y desarrollo… 

En ellas, José Antonio Mingolarra, destacado pensador y también catedrático de la Universidad del País Vasco, hacía una disertación sobre las ciudades, su composición, su arqueología y las sociedades que la conforman. No dejó de lado el posible futuro que les augura y las consecuencias en la conducta personal y moral de los individuos, si es que tienen capacidad de elección.

Se declaró “intolerante”, porque, a su juicio, en la propia tolerancia se encuentra el principio del racismo. Pues, a pesar de todo, te acepto. Hacía referencia a la denominación semántica de la palabra. No le falta razón, pero quizás el problema no sea la asignación de una persona tolerante o no, sino del propio concepto que deja un amplio espacio de ambigüedad, interpretable, pues se puede ser tolerante, pero no partiendo de que aceptas, a pesar de todo, sino simplemente compartes una realidad aceptando, con lo que quiera que sea. Es decir, un radical ideológico de derecha, puede ser tolerante con su vecino, aunque sea de izquierdas, pero no porque a pesar de ello, lo acepte, sino porque lo acepta en convivencia barrial. El a pesar de todo es lo que pesa en este caso.

Puestos en este punto, la tolerancia y su antónimo, quizás, es un término mal usado y generalizado y que, si realmente es defectuoso por ambigüo debiera ser sustituido en el uso general, tanto de la academia como de la política. Un ejemplo de evolución de un término, aunque en ocasiones se llega al cinismo, fue cuando se refería a los países con menos desarrollo del planeta como tercer mundo. De ahí paso a países subdesarrollados y de ahí a países en vías de desarrollo. Desconozco si en la actualidad ha vuelto a evolucionar y no estoy al día; es más que probable. También la categorización de las personas con síndrome de down ha evolucionado positivamente, alejando lo peyorativo y aparcándolo. Dada esta situación, ¿por qué no avanzar con el término tolerancia?

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