Marruecos, las elecciones y la ONU

En Marruecos pasó lo que tenía que pasar en las elecciones municipales del 12-J. Las urnas refrendaron los intereses Reales. Lo hicieron de forma limpia, según los observadores internacionales allí desplazados y que se han podido consultar, pero cabría matizar que los apoyos oficiales allanan el camino y quitan dunas de en medio. Dunas y lo que no son dunas.

También quitan opositores políticos, no por la vía de la encarcelación o de la opresión (siempre que no se trate del Sahara) ni por otras cuestiones que tienen muy mala prensa, sino por la vía del vente conmigo que tengo el futuro garantizado que se le ha trasladado a algunos mandamases municipales. No quiero quitar credibilidad al PAM, ganador indiscutible, pero ser compañero de pupitre del Rey, es lo que tiene, que no necesitas a ningún opinador o informador, a veces tan incómodos, para que esto suceda.

Sobre el Sahara, qué decir. Las elecciones, a todas vistas, eran ilegales en el territorio saharaui. Eso no es opinable. Es un hecho. Unas elecciones que no se debieron producir al ser este un territorio bajo litigio internacional. Pero no se puede esperar de Marruecos que haga lo que manda la legalidad internacional, porque ya ha demostrado en reiteradas ocasiones que no es lo que más le importe. La organización que ha demostrado una vez más estar sólo a las maduras es la ONU.

Es incomprensible que en un periodo preelectoral, el presidente de la RASD, Abdelaziz, remita una carta “urgente” al Secretario General de Naciones Unidas y de la callada por respuesta. No digo que sea sorprendente, sino incomprensible. La ONU no está para solucionar este asunto. El problema es que no se sabe para que está. Si no es capaz de responder a uno de los dos contendientes una carta urgente, ¿Qué es capaz de hacer?¿Emplear sólo a marroquíes en sus oficinas del Sahara Occidental?, que lo hacen. ¿Callar, algunos por autocensura, cuando en los barrios bajos de El Aaiún se cometen auténticas tropelías?, que se cometen y se autocensuran.

Se antoja necesaria y urgente una revisión de la política exterior de España al respecto. Tan necesaria y urgente que no se va a hacer. Por amor a la amistad con Marruecos, por miedo a su reacción, por mejor vivir de rodillas que morir de pie. Pero es una cuestión de responsabilidad política. Por coherencia. Por progresar. Por sacar a una nación entera del desierto, no sólo físico, sino internacional en el que están sumidos por la presión de Marruecos y con la complacencia de Naciones Unidas.

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