Entre lo feo y la cagada de Angels Barceló

¿Qué diferencia hay entre lo feo y la cagada? Ambos términos son grotescos y algo burdos, quizás, pero no se me ocurre otra calificación para, a pesar de ser más habitual de lo que parece, lo que ha hecho Cadena Ser con la entrevista “en exclusiva” a Abbas que anunciaban, sobre todo por el bombo que le dieron. El hecho ya lo recogen en la blogosfera varios compañeros periodistas, en especial Montserrat Boix. Esta periodista de RTVE era una de las dos personas que iban a acceder Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, en su visita a España. Cuenta Boix que había “alucinado en colores este viernes cuando he visto anunciada en la web de la Ser y en la web del programa de Angels Barceló la emisión de su entrevista en exclusiva“. Y cuenta por qué.

Dice la periodista del ente público que “el jueves por la noche” compartió con un redactor de internaciona de la Cadena Ser “intensos momentos en la puerta de la casa del embajador palestino en Madrid a la espera de que llegara el Presidente palestino de su audiencia con el Rey”. Asegura que se habían concedido dos entrevistas en España, una la hizo ella para TVE y otra la SER. La entrevista se emitió, precisamente, cambiando las preguntas y la voz del redactor por la de Barceló.

La entrevista la pueden escuchar aquí, en el blog de Borja Ventura, que titula su post “cómo ser una estrella a costa de un redactor”.

Boix concluye su alucinación, preguntándose si ¿Merece la pena para sobrevivir en el estrellato atribuirse el trabajo de otras personas como propio?”. Eso mismo digo yo.

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La opinión. Ramoneda: “El País vasco es como un hotel de seis estrellas”

Es de noche y conduzco con la radio puesta. Cadena Ser sintonizada y un debate en las ondas. La cúpula de Barceló. Poca pluralidad en la mesa y algo de parcialidad. Fondos de ayuda al desarrollo pueden ser arte, pero no antes que comida. Para el arte, hay partidas culturales. Habla Ramoneda, es el único instante en el que callan los demás. Habla de Txeroki, del País Vasco y de su calidad de vida. “Cada vez que estoy en Bilbao es como si estuviera en un hotel de seis estrellas”, comienza. Añade que “es difícil encontrar otro lugar con más calidad material”. Ramoneda lleva la cuestión a si la pervivencia del terrorismo ha podido aupar a Euskadi a tener la calidad de vida que tienen. Dice que es “una pregunta legítima”. Lo pienso, pues las dos cosas perviven a la misma vez, sin menoscabo. La fuerza nacionalista vasca, al margen de ETA, sí que ha llevado riqueza a Euskadi, y mucha. Sin ir más allá en los presupuestos de este año. Chaqueta y manta. Nacionalismo fuerte, financiación prácticamente asegurada. Mal ejemplo para el resto del Estado, bueno para sus ciudadanos.

La palabra de Ramoneda

La palabra tiene un valor infinito, es el bien más preciado. Con la palabra, la letra, la expresión oral correcta, la vida es más sencilla. Más precisa.

Después de un día largo, prevenido por una noche aún mas larga, escuchaba la Cadena Ser. Angels Barceló amenizaba con su castellano acatalinazado. “El dietario de Ramoneda”, dice Barceló.

Entonces surgió la palabra, la expresión genial. Comentarios afilados sobre China. Revuelo sobre los Juegos Olímpicos y las injusticias chinas. El Tibet y la gigante China. Y termina: “Todos los nacionalismos son iguales, salvo que algunos son mucho más poderosos que el resto”.

Los nacionalismos, esa aceptación sumisa de la patria chica que confunde cultura con política, padecen la enfermedad más peligrosa a la hora de integrarse en la estructura estatal europea: La obligada exclusión.

No hay nacionalismo no excluyente. La nación, el querer de la tierra no tiene relación con la defensa de la cultura local. No tiene sentido excluir a nadie por su nacionalidad, sea cual sea. Catalana, vasca, española, canaria, la que sea. Nacionalidad sentimental, no oficial, por supuesto.

La exclusión no deja de ser una expresión racista. El bien de todos está muy por encima del de algunos.