Emigrantes peruanos en Ecuador

He estado trabajando las últimas semanas en la fluctuación de personas entre Perú y Ecuador. Principalmente, como los del primero llegan a ganar dólares al segundo. Después de un par de semanas de entrevistas, visitas, contactos y demás, hoy se publica. Violaciones de Derechos Humanos, trabajos duros, casos de éxito, violencia y demás ingredientes. 

El titular: “Los invisibles del sur cumplen tres décadas de calvario”

Si quieren pasar, las puertas están abiertas. 

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El infierno de ser colombiano y homosexual

Esta semana para el semanal digital Tinta Digital he entrevistado a Manuel Antonio Velandia Mora, un político, filósofo, sociólogo y sexólogo colombiano. Velandia, de 50 años, no esconde las cartas. Cuenta su dura historia. La dura historia de la vida de un homsexual en Colombia. Un homosexual que recibe amenazas, que ve peligrar la vida de su familia, que escapa de un atentado, que siente como la política de su país le amenaza por ser homosexual y expresarlo con libertad. Velandia vive ahora en España, desde hace dos años, y espera el asilo. Dice que está a punto. Mientras tanto, ve como su vida, su ajetreada y pública vida, se ha visto convertida en dos míseras maletas. Su familia, a miles de kilómetros. El relato de su escapada y los porqués de la misma, lo pueden leer íntegro en Tinta Digital.

Pienso en…La hipocresía

Última hora del domingo. Después de ver La vida es bella de Roberto Begnini, algo tarde, prendo la televisión para ver si la programación ecuatoriana ofrece alguna sorpresa positiva. Hubo suerte. Un buen reportaje desgranaba parte de las desgracias de los presos que se encuentran internos en la cárcel de Quito. Varios ejemplo: Uno se había quedado paralítico después de un “mal golpe” de los “guías de la cárcel”. Otro tenía una tienda, nevera incluida, dentro del penal. Alguno enseñaba puñaladas en la barriga, espalda, pecho y cuello. En una cárcel para 300 personas hay 1.200, imaginen un poco el resto.

La gota que colma el vaso, la pone el jefe de los guías del penitenciario. Habla sobre la droga. La consiente. Dice que irremediablemente “es un mal necesario”. Previamente, varios presos habían salido en imagen, sin mayor problema, consumiendo cocaína, marihuana y heroína. Un mal necesario. Dicen que la droga les evade del problema y que por un momento se sienten “fuera del infierno”. Un mal necesario.

Lo cierto es que me alerté. Si eso pasaba en España, al día siguiente rodaría la cabeza del “jefe” de la penitenciaría. Pero lo haría por hablar, porque pasar pasa y no ruedan cabezas. Me sorprendí, entonces, de que lo que me había alertado era la falta de hipocresía. La hipocresía, un valor al alza cuando no queremos escuchar lo que hay, anestesia las sociedades. Mientras no se cuente, no sucede, aunque sepamos de sobra que las cosas pasan. Un profesor en la Universidad de Granada, en la carrera de Ciencias Políticas, me dijo una vez que “si al mundo le quitaramos el factor influyente de la hipocresía, nada sería tal y como es ahora, así que es fundamental”. Quizás lo fundamental sería erradicarla, para que todo cambie.

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