Algunos a la vida le llaman crisis

Lucas se monta en la canoa, que parte silenciosa río abajo. Sigue leyendo

Entrevistando a hora española

Después de varios días de llamadas, idas y venidas, he conseguido pactar una entrevista con uno de los redactores de la Ley de Memoria Histórica. Perfecto, pienso.  Llevaba un par de días bucando a una buena fuente al respecto y nada mejor que de la que emana el agua. O la Ley, en este caso. Esperaba un trámite para concluir la hora y la persona indicada.

Después de un par de hora, llega la llamada. “Anote el número: XXXXX6, le atenderá a las nueve, hora de Madrid, luego tiene que tomar un avión y no podrá”. No es una fuente cercana, ni mucho menos, por lo que no puedo rechistar. “Ok, está hecho”, respondí. Un único inconveniente: A las nueve hora de madrid es a las tres de la mañana hora de Guayaquil. El madrugón merecerá la pena, seguramente, y la fuente es necesaria para el reportaje, pero son los inconvenientes de las entrevistas a la hora española cuando no estás en el país.

Un taxista de Guayaquil

Pequeño, delgado, moreno, con un cuidado bigote y una funda en el brazo izquierdo para que el sol no se lo tueste más de lo que está. Muchos años en la carretera. El taxista decidió que en el trayecto por 1,50$ le contaría su vida. Así pués, comenzó en 1973 cuando emigró de su Manabí natal para trabajar en un gran almacén de frutas. Dos años anduvo en eso, vio mucho dinero que pasaba de manos en manos, mientras él sólo lo llevaba y traía, pero siempre entregaba. Pasaba de largo. Dos años anduvo en eso y en 1975 decidió montarse por su cuenta y ganar hasta cuatro veces más. Se compró una casa, luego otra, más espaciosa y alquiló la primera. Casi le cuesta la vida una visita rutinaria a su inquilino que trapicheaba con drogas. Se casó con una gran mujer y tuvo dos hijos. Hoy, además de taxista, ejerce de cuentahistorias de una ciudad a la que vio crecer: Guayaquil.