Pienso en…Un Atitlán humano

A Laura;

En ocasiones nos quedamos alelados observando un paisaje real con sus montañas, sus colores, su perfecta ubicación y la música que suena de fondo. Si no suena, nos la imaginamos. Pagamos por desplazarnos hasta allá, a veces lejos, o escogemos una fecha especial para disfrutar de aquel otro lugar. Pero con el tiempo he aprendido que los paisajes también son humanos. De vez en cuando, tenemos al lado ingentes paisajes humanos de los que disfrutar, con los que aprender y además dinámicos. Dignos de sentarnos a observar. Transformables. Con capacidad de adaptación. Capaces de convertir un tarde lluviosa, llena de relámpagos, con calles encharcadas y nubes negras en el horizonte, simplemente en una tarde. Una sonriente y cálida tarde.

Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, como miraba impresionado el lago Atitlán, en Guatemala. Y lo volvía a mirar. Bebía café apurado y lo volvía a mirar rapidamente, no se fuera a ir. Pensaba en el cúmulo de impresiones, de sensaciones, que aquel lugar con aquella combinanción de elementos me hacía llegar. En todas las esquinas disfrutaba y con cada rincón me enamoraba del lugar. En un pueblo o en otro, da igual San Pedro que Panajachel, todo forma parte del lago Atitlán y este lo vigila, calmado, tranquilo. No esperaba, eso sí, poder encontrar una persona que me recordara o significara para mi lo que fue aquella imagen. Una persona tan grande como el propio lago. Divertida, humana y a la que, como al lago, hay que escuchar.

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