La portada del día: Fujimori condenado

Nos vamos a Perú. Sigue leyendo

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Emigrantes peruanos en Ecuador

He estado trabajando las últimas semanas en la fluctuación de personas entre Perú y Ecuador. Principalmente, como los del primero llegan a ganar dólares al segundo. Después de un par de semanas de entrevistas, visitas, contactos y demás, hoy se publica. Violaciones de Derechos Humanos, trabajos duros, casos de éxito, violencia y demás ingredientes. 

El titular: “Los invisibles del sur cumplen tres décadas de calvario”

Si quieren pasar, las puertas están abiertas. 

Machu Picchu Express: Cuzco – Fin de año – Cuzco

30 de diciembre. Ocho de la tarde. Ciudad de Cuzco. Estamos apilados más de 20 personas en la agencia que vende el tour a Machu Picchu. El responsable, Gustavo, ha apagado el móvil. Una empleada llora por las esquinas. Noticias frescas: Gustavo está ebrio y no puede venir a responder por la empresa. Nos citan a las diez de la mañana del día siguiente. Aceptamos barco, porque si aparece ahora lo hundimos, capitán a bordo incluido. Al día siguiente, bien temprano, le lavamos la cara y se compromete a subirnos el 1 de enero. No es lo que queríamos, pero ir en tren está imposible y es muy caro. A todo esto, no tenemos hostal, es 31 de diciembre y estamos en uno de los lugares más solicitados del Perú. La gracia tiene sus dimensiones, no se vayan a pensar. Con las mochilas a otra parte, otra vez.

Para olvidarlo organizamos una cena de fin de año. 35 soles, menos dediez euros, en un un restaurante cuco, con chimenea encendida, lluvia en el exterior y menú escogido. El Año Nuevo se parte en la Plaza de Armas. Compramos champagne y ron. Son las doce menos cuarto y cientos de nacionalidades se agolpan en la plaza central del pueblo. Llevan horas celebrándolo. La plaza la rodea al menos tres iglesias y unas seis campanas. Ninguna suena. Desde las doce menos cinco hasta quince minutos después, la gente hace cuentas atrás y celebra el Año Nuevo corriendo alrededor del lugar. Anarquía y petardos por doquier. El peligro huele a pólvora y apenas brilla del humo. El 2009 comienza con un mar en forma de lluvia. Mañana, 1 de enero,  volveremos a intentar a subida a Machu Picchu. Las últimas noticias dicen que el tren se ha quedado atrapado por una piedra que cayó en la vía, que hay gente que no ha podido salir de Aguas Calientes y que la carretera está muy peligrosa.

Continuará…

Machu Picchu Express: Abra Málaga-Ollantaytambo-Cuzco

Un par de horas después del derrumbe, convencimos a Alan de que no era lo mejor permanecer pasivos ante una montaña que se caía a trozos, que escupía piedras. La vuelta no era limpia, la carretera estaba llena de grandes teniques que en más de una ocasión tuvimos que esquivar. El tema empezaba a ser peligroso y Alan decía que nosotros habíamos buscado turismo de aventura. Él quería que tomásemos un tren en Ollantaytambo, el lugar de las ruinas preciosas y la historia romántica detrás. Para ello debía correr cuesta abajo, con la carretera empapada, lloviendo a mares, una neblina que no dejaba ver casi nada y con continuos desprendimientos. Un descojono, vamos. Todavía me estoy riendo.

A la llegada, nos apelotonamos unos cuarenta en la misma situación, pero al tren de Perú Rail sólo pudieron subir los peruanos, porque para los extranjeros no querían vender sólo billete de ida. O 70 dólares o nada. No hubo manera de convencer al dependiente, boletero o como quiera que se llame, de que hiciera lo que, según nos explicaron, hacían siempre. Vender sólo un billete de ida. Él se empeñó en querer robar a unos cuantos turistas con ganas de ver Machu Picchu y con caras de desesperados. Quería vender road trip y nadie estaba por la labor de pagar ese dineral. Entonces llamamos al responsable de la agencia, que primero cogió el teléfono para no decir nada y posteriormente lo apagó para que no lo molestáramos. Una gracia.

Después de dos horas en el Abra, una volviendo a Ollantaytambo y tres esperando por un tren en el que nunca subimos, volvimos a Cuzco sin lograr llegar a Machu Picchu.

Continuará…

Machu Picchu Express: Cuzco-Abra Málaga

Vista general del Ollantaytambo

Ollantaytambo, escondido entre las montañas

Era 30 de diciembre. A las ocho de la mañana llegaba el momento. Después de varios días en Cuzco o ‘Cuhco’, como aseguran que llamamos los canarios a esta ciudad, decidimos subir a Machu Picchu.  Momento de partida. Somos nueve personas en el coche que nos llevará a una de las nuevas maravillas del mundo. Tres canarios, un gallego, un burgalés, una peruana, dos valencianas y un holandés. Preparados, listos, !ya¡. El conductor se llama Alan y es de Cuzco. Salimos por una carretera de tierra pegada al río Urubamba, disfrutando del ascenso al sagrado templo, que aún se encuentra a seis horas de coche, más media hora de tren, más media hora de guagua. Salida con risas, descansados de la noche anterior y previendo dos días intensos e interesantes. Llegamos a Ollantaytambo. Unas ruinas espléndidas que coronan un pueblo localizado a una hora y media de Cuzco y que se conserva con excelente gestión. El pueblo tiene una historia romántica detrás que es digna de escuchar y de aprender. Desayunamos algo rápido y a eso de las once seguimos el ascenso.

Vista parcial de las ruinas de Ollantaytambo

Ollantaytambo deja lugares de difícil olvido

La intención es subir al coloso Abra Málaga, situado a 4.800 metros. Colinas peladas, piedras en la carretera y niños muertos de frio que extienden la mano para pedir. Coronamos el Abra no sin problemas por algunos pequeños desprendimientos, pero al iniciar el descenso nos encontramos grandes rocas que evita Alan como puede con el susto generalizado y tensión exponencial en el coche.

La neblina apenas dejaba ver tres metros. De repente, una gran cola obstaculiza el tramo. Centenares de coches se agolpan apilados a la izquierda de la carretera bajo una montaña que espera un estornudo para expulsar las piedras colgantes que clavadas en ella son ya mayorcitas. Alan hace peripecias para llegar al principio del atasco. Nos bajamos del coche, cámara en ristre (ya verán las fotos) y descubrimos que la montaña se ha comido a la carretera, que se ha derrumbado el risco y que será imposible pasar al otro lado.

La montaña se comió lo que es suyo

La montaña se comió lo que es suyo

Nos dicen que en estos casos, se hace un transbordo y las personas pasamos a pie por el derrumbe, pero esto  no nos hace ni puta gracia. Nos reunimos los nueve, entre nieblas, a cuatro mil metros de altura, para votar democráticamente si exigir al conductor que de la vuelta o esperar hasta las ocho de la noche (entonces era la una) para pasar a pie al otro lado del derrumbe.

Continuará…