Pienso en…Un Atitlán humano

A Laura;

En ocasiones nos quedamos alelados observando un paisaje real con sus montañas, sus colores, su perfecta ubicación y la música que suena de fondo. Si no suena, nos la imaginamos. Pagamos por desplazarnos hasta allá, a veces lejos, o escogemos una fecha especial para disfrutar de aquel otro lugar. Pero con el tiempo he aprendido que los paisajes también son humanos. De vez en cuando, tenemos al lado ingentes paisajes humanos de los que disfrutar, con los que aprender y además dinámicos. Dignos de sentarnos a observar. Transformables. Con capacidad de adaptación. Capaces de convertir un tarde lluviosa, llena de relámpagos, con calles encharcadas y nubes negras en el horizonte, simplemente en una tarde. Una sonriente y cálida tarde.

Recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, como miraba impresionado el lago Atitlán, en Guatemala. Y lo volvía a mirar. Bebía café apurado y lo volvía a mirar rapidamente, no se fuera a ir. Pensaba en el cúmulo de impresiones, de sensaciones, que aquel lugar con aquella combinanción de elementos me hacía llegar. En todas las esquinas disfrutaba y con cada rincón me enamoraba del lugar. En un pueblo o en otro, da igual San Pedro que Panajachel, todo forma parte del lago Atitlán y este lo vigila, calmado, tranquilo. No esperaba, eso sí, poder encontrar una persona que me recordara o significara para mi lo que fue aquella imagen. Una persona tan grande como el propio lago. Divertida, humana y a la que, como al lago, hay que escuchar.

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El hombre encaminado a ser un lobo para el hombre

Pasan los días y los conflictos se amontonan. India, Pakistán, Somalia, Nicaragua, Tailandia. La pobreza se harta de gritar basta y a África le comienzan a flaquear las fuerzas, afectada por la disminución de la generosidad de los países más poderosos. Cuando tengo, hago que te doy, cuando no hay, te mueres. Los problemas económicos han dejado paso a los bélicos, quién sabe si fogueado por el dinero y hartos de ser la portada de la puerta del infierno. La entrada ardiente que espera a los ciudadanos dispuestos a caminar por un mundo en llamas. Apartando cuerpos de cada rincón y esperando ser el último, el único superviviente. El hombre, encaminado a ser un lobo para el hombre, si no lo remedia acabará con él mismo.