La guagua que esperas

Ella estaba sentada en la parada de la guagua. Entre 30 y 55 años. Una edad sin identificar, pero con cara de cansada. Bolsas de supermercado en el suelo y miradas constantes al reloj. Un vestido largo, hasta la rodilla, el bolso sobre sus piernas descansando. Entonces, llegó él. Sigue leyendo